1.El hayedo de Peloño

Senda del Oso8

Un inmenso hayedo cubre de color y naturaleza el interior del Monte de Peloño. La naturaleza es muy sabia y conocedora de que el calor no le beneficia lo más mínimo, la disposición de las hojas de las hayas permite que pase únicamente el 2% de las radiaciones que llegan a las copas.

Este bosque, ubicado en el municipio de Ponga, congrega a 200.000 hayas que dibujan un cuadro de colores que varía con las estaciones. El verde de la primavera deja paso a un tono más pardo durante los meses de más frío. El Bosque de Peloño cuenta con un enorme parasol natural capaz de retener la humedad atmosférica y convertir este espacio de quince kilómetros cuadrados en un lugar exclusivo. La caída y posterior renovación de las hojas solo trae ventajas para el sistema ecológico, ya que nutre al suelo con esencia orgánica mientras lo protege contra la erosión. Tiene la calificación de Reserva Natural Parcial.

cordillera cantabrica

Y es los hayedos soportan muy mal las bajas temperaturas, por lo que poseen la habilidad de hacer girar las hojas para combatir la transpiración excesiva de agua. Una prueba más de la inteligencia de la naturaleza.

Este bosque de Peloño destaca por su luminosidad y olor a limpio, algo que sorprende a los visitantes que se acercan hasta la zona. Por las características de la haya los animales encuentran aquí un hábitat perfecto, ya que aquí encuentran todos los medios de supervivencia necesarios. El fruto de las hayas es el hayuco, muy nutritivo y apetecible para especies como el urogallo, el oso pardo, carboneros y varias especies de roedores. Suele madurar entre finales del verano y principios del otoño. Hay que dar el suficiente reconocimiento a este bosque que acoge en su seno a animales en vías de extinción, siendo el límite occidental de la población osera en el cordillera cantábrica. En esta zona también se dan cita destacadas poblaciones de lobos y rebecos, además de especies cinegéticas como corzo, jabalí o el venado. Se puede decir que acoge una muestra de la fauna más representativa de Asturias en apenas quince kilómetros cuadrados.

Oso pardoLos brotes de haya no se acaban nunca y sobreviven gracias a la riqueza que ofrecen las hojas muertas y los troncos tumbados mezclados con el musgo. Los árboles más longevos ofrecen una instantánea muy curiosa, enroscándose y formando nudos interminables, más propio de una escultura.

hayasSe puede decir que las hayas se han asentado en Peloño, colonizando un monte que ha impedido el crecimiento de otros árboles con comodidad. En los límites de los hayedos solo hace acto de presencia los robledales, pero en una cantidad mínima si se compara con el número de hayas. El bosque ha sacado mucha rentabilidad a la estructura geológica del entorno, con una gran depresión circular compuesta por el El Rasu, Pileñes, Collau Zorro y Sen de los Mulos, y las aguas de los ríos que le acompañan. Entre ellos el Canalina, que deposita sus aguas sobre el Mojizo, afluente del Sella. Sin lugar, un sitio perfecto para perderse.


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